9 horas para que el barco zarpe

0:23 de la madrugada del día 1 de octubre. Oficialmente ya hemos entrado en el primer día de grabación del trailer de “Temporal”. Finalmente. Después de un día intenso que empezó dándonos cuenta de que nuestro conductor más experimentado en realidad hace cuatro años que perdió su carnet de conducir (el documento, no es que no tenga licencia, es sólo que no tiene ninguna prueba de tenerla) y por tanto con un pequeño ataque al corazón de quien esto suscribe, y que acabó colgando cuadros en una bonita casa de madera en la montaña, probablemente tocaría irse a dormir, teniendo en cuenta que a las 9.30 de la mañana, es decir, en 9 horas, la pequeña locura polar se desencadenará sobre las laderas de Collserola y unas horas más tarde en los bosques de Olot y que por tanto nos esperan dos jornadas intensas.
Pero justamente teniendo en cuenta eso, y también que en la habitación de al lado (el salón) hay ocho tíos de Alabama forrados de tatuajes (sí, es una historia curiosa, pero no tan curiosa como podría parecer teniendo en cuenta que mi compañero de piso monta conciertos) bebiendo vino y comiendo tortilla de patatas como si les fuera la vida en ello (lo cual hace que mi piso parezca una extraña versión castiza de True Blood) la pregunta básica sería: ¿Quién hay quien duerma?
Sí, puede que lo que vamos a hacer en estos dos días sea sólo un trailer. Que es un proyectito pequeño, parte de un proyecto más grande que, esperemos, algún día no muy lejano llegue a tomar forma real. Que a nivel de producción y a nivel de proyección no estamos hablando de algo que vaya a cambiar la Historia del Mundo. Muchos pensarán “pues no hay para tanto” y seguramente tengan algo de razón. Pero hay ciertas cosas que uno tiene que entender para acabar de darse cuenta de por qué para mí ahora mismo es difícil simplemente relajarme y echarme a dormir.
Primero y fundamental, que “Temporal” es una historia que lleva más de dos años en mi cabeza. Que surgió en un momento bastante intenso y extraño, como una especie de catársis personal. Que ha sufrido serias transformaciones a lo largo del proceso y que por el medio ha habido muchos cambios vitales a todos los niveles, pero que la historia seguía ahí, golpeando algo dentro, esperando ser contada. Que finalmente nos liamos la manta a la cabeza y decidimos empezar a trabajar.
Que tuvimos la idea de hacer un trailer para ir ganando confianza, reuniendo un equipo, entrenando mis poco desarrolladas artes para comandar a esa gente en un esfuerzo común (saben ustedes que como capitán de un barco naufragado en el Ártico, mis dotes para tratar con los humanos a veces se ven mermadas a fuerza de ver hielo todo el rato) y que finalmente parece que ese pequeño esfuerzo inicial está cristalizando. Que en definitiva, cuando mañana empecemos a grabar, cuando apretemos el botón de REC, lo que grabemos serán las primeras imágenes REALES de algo que lleva dibujándose en mi cabeza durante mucho tiempo.
De pronto Clara cobrará vida. Su casa, los paisajes en los que se mueve, ese marinero con el que sueña, ese padre que la abandonó. Fuego, árboles, presencias. De pronto Søren no será sólo esa idea majestuosa del lejano Norte, de los exploradores perdidos, sino que será un ser real, ante la cámara, vestido con pieles, rodeado de niebla, amenazante, sabio.
No estoy del todo seguro de hasta qué punto la gente que está trabajando conmigo en esto es consciente de lo importante que esta historia es para mí, pero el mismo hecho de que estén esforzándose tanto para que todo salga como debe es ya una especie de regalo que aún ahora me parece un punto irreal, como si no fuera cierto, como si no estuviera pasando. Pero el caso es que ESTÁ pasando. Y que los barbudos de Alabama (¿alabamos?, ¿alabemeños?,¿alabamenses?) que tengo a unos metros cada vez están más borrachos y en cualquier momento se van a poner a cantar la versión Cajún de “Asturias Patria Querida”.
Y sí, de nuevo esta es una declaración. Ya lo hice otras veces. Y volveré a hacerlo. Es lo que toca en estas ocasiones. Y visto lo visto, visto cómo evolucionan las cosas a nivel social alrededor, visto que vivimos en un país cada vez más hostil, en mundo cada vez más hostil en el que queda cada vez más patente que en cuanto hay problemas de pasta, toda la armonía, todo el entendimiento y toda la ficción de respeto e igualdad se va al carajo, cada vez es más importante que la gente entienda que el arte, que el cine, la música, la pintura, la literatura, cualquier forma de arte, es ante todo un refugio, una manera de hacer las cosas diferente a la que te dictan, una forma de crear pequeñas organizaciones sociales autosuficientes movidas por la ilusión de hacer algo nuevo, de generar pequeños mundos de paz y diversión. Que no es por dinero, que no es por fama ni por reconocimiento, sino porque hay cosas que siguen mereciendo la pena e historias por contar.
Que plantearse un proceso, cómo llevarlo a buen puerto, cuidar los detalles, hacer las cosas con amor, es un valor en sí mismo, una manera de pasar los días que transcurre ajena a los titulares catastrofistas de la prensa, al miedo en el aire, a las recesiones, los excesos, los vaivenes de la bolsa, el absurdo de toda esa gente que vive preocupada porque a lo mejor no va a poder comprarse un coche.
Que los Goya dan igual, la política cultural da igual, la estúpida de González-Sinde da lo mismo. Si ellos no lo entienden, nosotros lo entendemos. Y aquí estamos. Hasta que el cuerpo aguante.
Gracias a todos los que, hasta el momento, habéis estado ahí, apoyando cada paso.
Contribuís a algo mucho más importante que un simple premio o una simple ayuda del Estado. Nos hacéis felices.
Ahora esperamos que estos dos días de trabajo den como resultado algo que os haga también felices a vosotros.